Entre el apoyo a la economía familiar y la deserción escolar (Vol 1)
El trabajo infantil es una práctica con siglos de antigüedad que ha perdurado hasta
nuestros días en México y el mundo. Aproximadamente, a nivel mundial, se
encuentran trabajando 160 millones de niñas, niños y adolescentes, de acuerdo con
estimaciones actualizadas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y El
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), quienes también evaluaron
que bajo el impacto de la pandemia por Covid-19, 8.9 millones de infancias y
juventudes se encontrarán en estas condiciones a finales del 2022.
Por su parte, los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)
arrojan que en México hay 3.3 millones de infantes y jóvenes de cinco a diecisiete
años laborando actualmente, aunque por los efectos de la pandemia dichas cifras
no son precisas.
De igual manera, la mayoría de las cuantificaciones tienen lagunas debido a los
escenarios de la informalidad, donde resulta bastante complejo realizar una
contabilidad absoluta de los casos. No obstante, las entidades que concentran el
mayor porcentaje de trabajo infantil son Oaxaca, Puebla, Chiapas, Michoacán y
San Luis Potosí.
Retomando la informalidad laboral, es importante mencionar que este es un sector
en el que las relaciones de trabajo se caracterizan por operar en desapego con la
ley, por lo tanto, no se tiene acceso a los derechos y beneficios más básicos.
Recientemente, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2022 reveló
que en la república mexicana el 55.7 por ciento de la población labora en la
informalidad.
Dicho informe arrojó que son las mujeres quienes más expuestas están a
condiciones de informalidad con el 56.8%, mientras que los hombres que padecen
estas condiciones laborales ocupan el 55.1% del total. En el actual contexto
mexicano es el empleo informal una de las expresiones laborales de mayor
crecimiento en rubros como la agricultura, el turismo, microempresas textiles, el
servicio doméstico, y por supuesto, el comercio minorista.
Por su parte, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) señaló que es
precisamente el comercio uno de los sectores donde más se concentró la mano de
obra laboral, donde se agrupó al 19% de la población empleada, además de tener
gran repercusión en el mercado laboral. En relación con la duración de las jornadas
laborales, estas oscilan entre las 35 y 48 horas semanales, sin embargo, gran parte de la población que ejerce el comercio informal aumenta sus horarios de trabajo
para generar mayores ganancias.
Los contextos de pobreza, carencias de recursos económicos e inseguridad social
orillan a las familias mexicanas a una reorganización con todos los miembros que la
conforman, de modo que puedan llevar el sustento al hogar. Asimismo, la
inaccesibilidad a la educación, falta de motivación para continuar con los estudios, o
por el contrario, la búsqueda de medios para seguir formándose académicamente y
las secuelas postpandémicas, suelen ser los principales factores y causantes, entre
otros, del trabajo infantil.
Respecto al salario que reciben los menores, la Encuesta Nacional de Trabajo
Infantil 2019, la cual por cierto ha sido la última actualización de dicho fenómeno
social señaló que de los niños, niñas y adolescentes que laboran, casi la mitad
recibe un salario mínimo, seguido de los que no reciben ninguno; donde la mayoría
de ellos se encuentran trabajando en la esfera familiar.
«Yo trabajo con mi mamá toda la semana después de clases y me gusta ayudar en
el negocio familiar porque además me sirve para la escuela con las matemáticas y
dice mi mamá que así aprendo lo difícil que es ganarse el dinero”, señaló Fátima
Abigail, niña de 12 años, hija de madre soltera y vendedora de ropa en diversos
tianguis del Estado de México, quien forma parte de la larga lista de infantes que
tuvieron que comenzar a apoyar en casa tras la aparición de la pandemia y la crisis
económica que esta trajo consigo.
La deserción escolar en México a nivel mundial, lo ha posicionado como el segundo país en
América Latina con esta problemática. El pronóstico es de 628 mil niñas, niños y
adolescentes en situación de abandono de su aprendizaje de nivel básico, sin
embargo, las estimaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP) señalan
que la cifra podría ascender a 800 mil casos.
La ex secretaria, Delfina Gómez Álvaez había informado que tan solo a principios de
este año se detectó la renuncia de cerca de 270 mil alumnos de estudios básicos;
97 mil de primaria y 173 mil de secundaria. Por su parte, el Estado de México ocupa
el primer lugar a nivel nacional en deserción escolar de las infancias y juventudes al
registrarse 196 mil 200 estudiantes en estas condiciones en dicha entidad.
Continuará…