La tiranía de la crueldad | Violencia e inseguridad en Ecatepec

Para los ecatepenses no es necesario constatar en la prensa los crímenes que se cometen a diario en el municipio, el crimen se vive y se sobrelleva. La precariedad económica y el abandono de las autoridades gubernamentales metamorfosean sus efectos en una angustia generalizada al caminar las calles.
Todos hemos sido víctimas de la violencia. Sea de un tipo o de otro, ésta es una de las cosas que marca nuestras vidas desde la infancia; perceptible en los «toques de queda» no oficiales, la violencia sexual en el transporte público y los asesinatos en la vía pública: la descomposición social prevalece entre los habitantes.
Para aquellos ajenos a la situación, las cifras presentadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en su última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) de septiembre de 2023 muestra que, en el país, únicamente 32.3 % de la población de 18 años y más consideró que el gobierno de su ciudad era muy o algo efectivo para atender los problemas más importantes, mientras que en Ecatepec de Morelos, esta cifra disminuyó hasta el 12.1 %. La cifra más baja en el país.
Indiferencia gubernamental
Las zonas habitacionales están usualmente colmadas hasta el tope por personas en marginación cuyo único patrimonio es la casa que habitan desde hace generaciones. Al entorno de carencia se le suma la notable ausencia del Estado, tangible principalmente en el descuido de las calles y la nula presencia policiaca.
De acuerdo con información del gobierno local, Ecatepec cuenta con cerca de dos mil policías municipales. Una cantidad ínfima si se toma en cuenta el número de habitantes, el cual sobrepasa 1 millón 600 mil personas.

Socialización de la violencia
La violencia intrafamiliar traspasa paredes con su saña y se hace evidente en los alaridos de quienes la padecen, usualmente mujeres y niños. Con el pasar de los años, los vecinos de las familias violentadas hemos perfeccionado nuestra indiferencia mediante una coraza de apatía, indolente ante los abusos y la miseria.
El feminicidio y la violencia de género presentan la cara atroz de la indefensión. Las ecatepenses protestan cada vez con mayor frecuencia ante la inacción de las autoridades para proporcionar una solución ante los crímenes que azotan a las familias. No existe futuro posible para las hijas de la clase trabajadora mientras las calles, los transportes y los lugares públicos continúen albergando la muerte a cada paso.
Nada ni nadie garantiza la subsistencia. Son ampliamente conocidas las tragedias que embargan a cada familia, los colonos se encargan de difundirlas a manera de enseñanza y prevención. Las juntas vecinales y «el vecino vigilante» siempre terminan tan pronto como inician.