Crónica: Robo a Auto en Muncher, Lindavista
Fue el pasado viernes 6 de octubre en el que, desafortunadamente, fui víctima junto con mi amigo de un acto de vandalismo a las afueras de Muncher, Lindavista.
Nos encontrábamos cenando hamburguesas alrededor de las 8 de la noche tranquilamente y sin prisa alguna. Mi amigo había dejado estacionado su auto en la calle, muy cerca de la entrada a Muncher y prácticamente a un par de metros de una sucursal de Banco Inbursa. El coche llevaba estacionado para ese entonces poco más de una hora. Fue entonces cuando terminamos de cenar en el local, nos levantamos y caminamos hacia la salida donde se encontraba el Kia de Alonso, mi amigo. En un principio todo parecía en su normalidad, pues habíamos llegado al auto y ninguno de los dos había notado algo fuera de lo común. Fue hasta que estaba a punto de abrir la puerta del copiloto cuando me percaté que “la ventana se había quedado abierta” o eso pensé…
Al haber notado el vidrio abierto le comenté al instante a Alonso sobre su ventana. Estaba tan oscura la calle que no me había dado cuenta aún de que ya ni siquiera había ventana. Cuando me asomé al interior del vehículo para revisar las pertenencias fue cuando noté que el vidrio de la ventana estaba roto al interior en una pieza; como si de un golpe lo hubieran roto. Ahí fue donde comenzó el menor de nuestros problemas.
Mi amigo se frustró al ver el estado de su ventana y al ver el cristalazo que le habían dado en cuestión de minutos. Lo raro es que ninguna alarma sonó ni se escuchó el ruido de algún golpe al carro. Una vez que ambos nos subimos al auto revisamos las guanteras, pertenencias y demás; grande fue el coraje que nos dió al ver que se habían robado nuestras mochilas escolares. En mi caso no fue tan grave la pérdida pues en mi mochila había un par de cuadernos, paraguas y poco más. En el caso de Alonso su pérdida material fue más dolorosa, pues en su mochila llevaba una laptop que le había regalado su hermano hace apenas un par de semanas con el fin de que la usara para su primer semestre en la universidad. Evidentemente eso fue lo que más molestia le generó a mi amigo.
Minutos después decidimos llamar al 911 para solicitar una patrulla en nuestra ubicación. Al poco tiempo llegó un oficial en su unidad y se nos acercó a preguntar de lo sucedido, además de nuestros datos personales. Le explicamos nuestra experiencia de los hechos y el oficial pudo ver el estado del auto con el cristalazo incluído. Además de solicitar ayuda para localizar al ladrón, también pedimos acceso a las cámaras de seguridad del Banco Inbursa que se encontraba a contraesquina del auto.
Finalmente el oficial se retiró y se puso en contacto con mi amigo un par de días después para decirle que no habían logrado éxito en localizar al sospechoso. Afortunadamente no fuimos testigos del acto vandálico y no sufrimos violencia hacia nuestra persona en ningún momento; sin embargo, queda una sensación amarga de tal experiencia que arruinó un viernes común y corriente.