Sobre la festividad del día de muertos en Xochimilco
Foto: Emiliano Jijon
El 1 y 2 de noviembre en México, la festividad del día de muertos cobra una relevancia social e histórica.
Siempre podremos observar la forma en que se vive la muerte de forma particular en nuestro país. Más que celebrarla o generar un culto en torno a ella, lo que se manifiesta es una forma de recordar al difunto, a la persona.
Sin embargo, volviendo nuestra mirada de forma etnohistórica, hace varios siglos en los pueblos prehispánicos, la muerte tenía otro significado, acorde al contexto y desarrollo de las civilizaciones. Pues de acuerdo al pensamiento religioso, el muerto debía ser guiado al Mictlán, el lugar dónde iban las personas muertas por algunas causas, como los guerreros en batalla o las mujeres al parir.
Así se desarrollaban distintas formas de generar ofrendar altares a los muertos y a los dioses.
Concretamente, durante el día 30 de noviembre, en las profundidades de los canales de Xochimilco, fui invitado, junto a mi grupo de la ENAH, a observar un “perfomance” ofrecido por personas de la comunidad de los canales de Xochimilco, un acto, que jamás había visto.
Ya de noche, nos adentramos en canoas, amontonados, navegamos por al menos 20 minutos hasta tocar puerto, en un pequeño islote, rodeado de obscuridad y una charca poco profunda, pero muy extensa.
El ritual o mejor dicho, el performance comenzaba; los pobladores, jovenes por cierto, se adentraron a la charca, sin zapatos, con incienso y una solemnidad que se combinaba con el ambiente silvestre del lugar. No puedo negar que la experiencia aumentó en cuanto fuimos invitados a participar en el acto, rompiendo con nuestra puesta en practica de lo que el antropólogo Malinovski llamó el siglo pasado, la observación participante, así, unos cuantos de mis compañeros se animaron a entrar descalzos y ser parte de un ritual elaborado, en dónde se prendió fuego, se elevaron canticos y se prendió el ambiente con el olor del copal; todo ello hizo que me surgieran dos preguntas, ¿Cuál es el origen o de dónde surge la idea de los cantos desplegados durante el acto? ¿Y cuál es el origen del acto en sí? Pues para mi constituyeron los elementos principales de una especie de rito que daba comienzo a las “festividades”.
Y sobre todo, porque es un “acto” nuevo para mí, a pesar de la que la comunidad es parte de una metrópolis; es interesante no solo observarlo, sino entender y profundizar las formas en que se rescatan, surgen o se mezclan nuevas formas de celebración, pensando en que hay nuevas generaciones y nuevos “observadores”.
De forma general, la salida y la invitación a esta ofrenda, me pareció acertada para generar nuevas preguntas, algo que se debe hacer en la disciplina antropológica, una forma viva de hacer antropología, con una relación viva de la comunidad, aunque está última debió haber sido mejor, para aprovechar al máximo la visita.