«Dulce Violencia», hacía dónde se dirige la Nota Roja
El pasado 25 de agosto del presente año se celebró la exposición de fotografía «Dulce violencia. Nota roja en México» en el Faro Cosmos.
Un hombre murió a las afuera de metro Balderas de un paro respiratorio. Foto: Jair Cabrera Torres.
El pasado 25 de agosto del presente año se celebró la exposición de fotografía «Dulce violencia. Nota roja en México» en el Faro Cosmos.
La violencia está en todos lados, no hay quien escape de ella, es como un cáncer que se expande por toda la sociedad y que difícilmente -diría nulo- es posible deshacerse de ella. Es como la sombra que te sigue a donde quiera que vayas, para que en el más mínimo momento de despiste ¡BAM! te de en la espalda.
En cada rincón de México, y vaya no solo en este país, sucede en todos lados y tristemente al parecer es algo intrínseco del ser humano; tan solo en la alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México, el 63% de su población ha sufrido un momento de violencia (según datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, del segundo trimestre del año 2022).
Secuestro, robo, homicidio, feminicidio, abuso verbal y físico, en la calle y en el hogar, están presentes, y el periodismo se ha encargado de documentarlo a lo largo de la historia.
Estoy hablando por supuesto de la mal temida sección de la «nota roja«. Ese apartamento de los medios de comunicación en el que normalmente muchos empiezan su carrera periodística, y donde se forjan como reporteros, camarógrafos y fotógrafos.
El pasado 25 de agosto acudí a la exposición fotográfica «Dulce Violencia. Nota Roja en la Ciudad de México» que se llevó a cabo en el rescatado Faro Cosmos, sobre la avenida México-Tacuba -ahora México-Tenochtitlán-, organizado y curado por Raúl Pérez y Alejandro Saldívar, en la cual se expusieron más de 60 fotos de fotoperiodistas de éste ámbito, entre quienes destacan: Ernesto Álvarez, Alberto Jiménez y María Eugenia Martínez.

Me puse guapo esa día, tenía ganas de conocer ese foro cultural; me alisté, tomé mi chamarra y partí de ahí. El calor era insportable, y más en la línea 7 del metro, abordé en metro Mixcoac, pero antes que nada me compré un cono de helado de la gran M.
Era irónico como iba tan tranquilo y saboreando algo tan dulce y cremoso para ir a ver imágenes crudas y llenas de sangre, supongo que es el perfecto balance de vivir en esta jungla de concreto.
Transbordé en Tacuba para ir hacia la línea 2, bajé en metro Normal y caminé unos cuantos metros hasta llegar a ese colosal edificio blanco de arquitectura Arte Deco.
Mientras me adentraba al lugar, al fondo habían unas grandes puertas blancas con una frase de Emilio Pacheco que decía: ¿Habrá un día en que acabe para siempre la abyecta procesión del matadero? La historia tiene el deber de trastornar las profecías.
Me deja pensando mientras subo las escaleras a punto de ver un matadero llamado Ciudad de México e inmortalizado en fotografías. La sala, aunque pequeña, llena de fotos, y en el centro un triángulo que bifurcaba el lugar. Al adentrarse hay un cordón de escena de crímen con varios periódicos morbosos como el Metro y El Gráfico dentro del perímetro.
Eran fotos fuertes, sangrientas, crudas, morbosas, y unas hasta me atrevería a decir que tenían una cierta belleza estética por la manera en que estaban compuestas, era como ver una novela negra en vivo y a todo color.
No pude pensar otra cosa mas que quedarme callado; observé las caras de profundo dolor de los familiares de la víctimas que han sufrido la injusticia más grande: que un completo desconocido le arranque la vida a un inocente que solo estuvo en el momento y lugar equivocado.

La exposición era un colectivo del archivo de 8 fotoperiodistas que han retratado la muerte durante 10 años en la Ciudad de México. El objetivo de la muestra fotográfica era esbozar el trabajo día a día de los reporteros de nota roja. El como se mantienen a la expectativa las 24 horas, escuchando la frecuencia de los servicios de emergencia para poder acudir velozmente en sus motocicletas y retratar los sangrientos hechos.
Uno de los reporteros invitados dice que el hacer foto de nota roja es más complicado de lo que uno cree, que no solo es ir y pararte a tomar fotos. No, argumenta que un fotorreportero tiene que contar la historia de la víctima al revés, desde su muerte hasta su nacimiento, y esa es la verdadera destreza de la nota roja.
Esta exposición sirivió de cierto modo para reivindicar el oficio de la nota roja, pues los fotorreporteros no buscan ganar dinero con la muerte, sino dar el último testimonio de vida de la persona en cuestión, y que su violento deceso sirva como ejemplo de que la violencia en la ciudad, y en el mundo en general, deba ser una carta de invitación a que gobiernos tomen acciones y no se escuden aseverando que el pueblo es feliz y vive tranquilo.
En junio de 2022, el 67.4 % de la población de 18 años y más consideró inseguro vivir en su ciudad. Este porcentaje representa un aumento estadísticamente significativo con relación al porcentaje registrado en marzo de 2022, que fue de 66.2 por ciento.
El futuro de esta sección es incierto, pues recordemos que estamos en una época donde todos se creen periodistas o reporteros por el simple hecho de hacer un «en vivo» desde el lugar de los hechos y hablar por hablar sin ni siquiera dar información concreta, que sea de utilidad y que tenga un aporte para dar con los presuntos responsables, mas solo quieren seguidores y lluvias de likes.
Una sociedad donde también desgraciadamente se está dejando de valorar el trabajo periodístico y la gente se inclina por la opinión o información que alguien vio en un Tik Tok de 30 segundos, que ni siquiera tiene el mínimo esfuerzo de cuestionarse lo que está viendo.
Además, que estamos en una época donde los valores éticos respecto a este tipo de fotos es un debate grande, pues recordemos el caso de Ingrid Escamilla y como se filtraron sus fotos a grandes medios de comunicación que solo pensaron en los números que ya no tienen, y su moral y ética quedó atrás.
Aunque existe la paradoja más grande de la nota roja. El trabajo reporteril y fotgráfico de estos colegas es impecable, las historias genuinamente parecen una homenaje a la obra de Truman Capote, pues el principal valor por el que se rigen es el respeto total ante la víctima y los familiares, por lo tanto, el relato periodístico está a la altura de una novela negra.

El problema aquí es para el medio para quien trabajan, diarios como el «Metro» o «El Gráfico» que son subsidiarias de Reforma y El Universal, respectivamente, que satirizan la mere.
Los argumentos que me dan son los típicos, «lamentablemente no podemos hacer nada pues nuestras manos están atadas, a mi me contrataron por tomar fotos y el editor es quien hace ese tipo de cabezas, un editor que claramente no estuvo en el lugar de los hechos y se le hace fácil hacer mofa de la muerte para poder venderla», me dijo el fotoreportero Alberto Jiménez.
«Pues lametablemente hay que recordar que son medios de comunicación y al final son negocios, y sí estos diarios son los que dan el dinero… pues, no se puede hacer mucho», añadió un colega suyo que prefirió el anonimato.
Le llamo paradoja por dos cuestiones, la primera siendo que los fotoreporteros y periodistas de nota roja aseveran que el respeto total hacía las víctimas es el principal valor con el que ellos trabajan, y por otro lado, están los medios de comunicación para quienes trabajan, medios serios que usan filiales para tener más ingresos, en donde usan cabezas en son de burla, con intención de atraer al lector.
En pocas palabras, estos grandes y tradicionales medios de comunicación usan la muerte y a mujeres en lencería como principales contenidos en sus diarios económicos, y no le dan información seria que le ayude al lector a formar un criterio u opinión.
Es decir, que la información le ponen un precio más elevado y la alejan de personas que lamentablemente no pueden costear un periódico «grande» por la crisis económica que atraviesa el país. Pero sí les da un diario barato que le ofrecerá muerte y sexo…
Mientras terminaba el conversatorio me quedé pensando en esta «paradoja de la nota roja» ¿cuándo se dejará de usar la muerte como negocio? ¿debería de haber una sanción para este tipo de periódicos? y lo más importante ¿hasta dónde va a llegar la hipocresía de estos dos medios de comunicación «serios»?