Sanna Marin, primer ministra de Finlandia y también la primer ministra millenial, como es catalogada por muchos, prometió el otoño pasado que quería vivir como una persona de su edad y sacudir el cargo más alto del gobierno. Tras la pandemia de Covid-19, mantuvo a su país con una de las tasas de letalidad más bajas de Europa, demostrando su capacidad como gobernanta.

Sin embargo, una serie de videos filtrados en donde se observa a Marin de 36 años bailando en una fiesta ha generado ruido mundial pues hay quienes exigen su renuncia y otros tantos, defienden a la primer ministra, como lo hizo la ex candidata a la presidencia estadounidense Hillary Clinton, pronunciándose a través de Twitter con una fotografía de ella en una situación similar a la antedicha.

Ambas políticas han demostrado ser enteramente capaces de ejercer sus cargos pese a sus acciones en los momentos que destinen al ocio, así como múltiples políticos que, de igual forma, se han visto envueltos en situaciones como las de Marin. Así que, el verdadero debate debería ser ¿por qué una mujer joven no es criticada de la misma forma que sus colegas de mayor edad?

La respuesta en sencilla, en primera instancia, los jóvenes en el espectro laboral, son acreedores a la incredulidad e incertidumbre colectiva de si son o no competentes para ejercer cargos y más si son de alto mando, esto por la falacia de aseverar que la edad es un factor determinante de experiencia, capacidad y sapiencia.

En segundo plano, las mujeres vivimos bajo el constante ojo crítico basado en estigmas sociales, en cumplir un deber ser que no precisamente satisface convicciones propias, sino las de una sociedad liderada por lo capitalista y patriarcal. Desde el nacimiento, se nos impone una carga social que involuntariamente ata a perpetuar patrones de conducta que invalidan nuestras capacidades.

El caso de Sanna Marin posee un importante sesgo de género, pues no se le está permitiendo ser joven, mujer y ministra a la vez. La psicóloga y congresista española Nagua Alba, comentó que precisamente las mujeres jóvenes no encajan en el imaginario de prototipo de persona poderosa y tienen un doble trabajo, el de demostrar que sí son capaces de ejercer y el de gobernar un país.

Las figuras femeninas, como Sanna, la primer ministra más joven del mundo abre las puertas a la familiarización de ver mujeres en campos como la política, el deporte, la ciencia, la economía, entre otros espectros dominados por la presencia masculina. Ella, está rompiendo un techo de cristal en la diplomacia y el tono del discurso en torno a su nombre, es la prueba.

De eso, es de lo que se tiene que hablar.

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